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MÓDULO I - Introducción a la Gestión de Riesgos Una de las líneas estratégicas de acción sugeridas para fortalecer la gestión del riesgo de desastres desde el sector educativo, y donde no hay duda que es la que tiene mayor importancia en función del alcance, profundidad y de la cobertura que pudieran ofrecer sus resultados, es la que invita a incorporar el tema de la gestión integral del riesgo de desastres en la educación básica. Incorporar el tema de la gestión integral de riesgos de desastres en la educación básica parte de la premisa de que la escuela debe incluir entre los múltiples elementos con los que forma a los futuros ciudadanos (historia, lenguaje, matemáticas, etc.), elementos que les permitan a estos conocer y convivir con su entorno. Desde este punto de vista, una persona que culmina su educación básica integral debería ser un individuo con un dominio tal de aspectos vinculados a la gestión de riesgos , que minimice su grado de vulnerabilidad individual. Por ello debe asumirse que la escuela ha sido apreciada desde hace décadas como un espacio ideal y como una oportunidad prometedora para lograr la disminución de la vulnerabilidad de nuestra sociedad ante los desastres. Desde luego que entendemos que nada nuevo hay detrás de estos planteamientos, y es que nada nuevo hay detrás de cualquier llamado que se haga a incorporar el tema de la reducción de los desastres en la escuela, así como tampoco resulta ninguna novedad la existencia de programas destinados a promover esta incorporación. Para poder lograr incorporar el tema de la gestión integral de riesgos de desastres en la educación básica, se hace necesario entonces que se incorporen elementos propios de esta temática dentro del perfil de formación del docente, razón por la cual un docente debe tener conocimientos sobre qué debe saber hacer así como también lo que debe saber enseñar, según se describe a continuación:
Fundamentos para educar en gestión de riesgos Sin dejar de reconocer los avances alcanzados hasta ahora en preparación para desastres, se hace necesario profundizar el compromiso y traducir y organizar las buenas intenciones en propuestas y programas concretos de acción educativa, y en este sentido conviene partir del principio que una propuesta sobre del deber ser del quehacer educativo nacional en el compromiso de reducir el riesgo de desastres, implica abordar integralmente el problema, tanto en sus causas, como en sus consecuencias. El compromiso que se debe promover desde el sistema educativo es la consolidación de un individuo consciente de su propio entorno, capaz de transformar su medio, para tomar de él lo que requiere para vivir, pero igualmente sensible a los cambios que su cción puede provocar no solo en el entorno social, sino físico. Se parte pues de la conformación de un individuo más aprehensivo del significado de su propia familia, de su comunidad y del hábitat al que pertenece. De allí que se entienda el principio que cuanto mayores posibilidades tenga un individuo de educarse, mayores deberían ser sus capacidades de dialogar, conocer y establecer relaciones sostenibles y constructivas con los otros individuos y con el ambiente que le rodea.
En procura de lograr lo anterior, es fundamental que el sistema educativo en su conjunto comience a promover una visión de la naturaleza que entienda a ésta como una inagotable fuente de vida, si se le protege, se le recupera y se le onserva, por medio de un uso racional y una protección irrestricta, inexcusable y sin límites. Es fundamental sembrar en el educando de cualquier nivel la conciencia de las poderosas fuerzas y la destrucción que pueden llegar a desencadenar sus acciones cuando éstas rompen el equilibrio natural o cuando sencillamente se ignoran irresponsablemente las restricciones de habitabilidad que nos impone el territorio que ocupamos. La educación debe promover una visión de la naturaleza en la que no se le aprecie como al enemigo a vencer y dominar, sino como un valioso socio, al que debemos conocer en profundidad, para establecer mejores relaciones de convivencia y de armonía; un ente al que debemos respetar y proteger, porque es la fuente generadora y transformadora de toda la vida en el planeta, incluyendo obviamente la nuestra. Solo cuando se comience a entender el desastre y lo que de este resulta como un producto social e histórico de construcción de vulnerabilidad, cuando se asocien las consecuencias dañinas de los desastres a la existencia de factores de riesgo que fueron socialmente construidos, solo entonces el desastre será entendido como una situación cuya etiología es de características esencialmente humanas, donde el detonador principal es un ser humano viviendo en un desequilibrio absoluto e irresponsable con sus semejantes, con la naturaleza y por ende con las fuerzas que ella genera. Aunado a esta visión, la gestión del riesgo debe promoverse como una alternativa de cambio; como un proceso mediante el cual se revierten las condiciones de vulnerabilidad de la población, de los asentamientos humanos, de la infraestructura, de líneas vitales, de las actividades productivas de bienes y servicios y de los daños al ambiente. La Gestión de Riesgos no es otra cosa que un llamado por lograr un modo sostenible de obrar que incorpora criterios efectivos tanto de prevención y mitigación de desastres, como de preparación para casos de emergencias dentro de todos y cada uno de los ámbitos sectoriales de desarrollo humano. (Liñayo, 2008). Descargar Documentos:
Perfil del docente ante la gestión de riesgos
Recopilación: CIGIR (Textos tomados de: Alejandro Liñayo, 2009).Septiembre, de 2009 |
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| Última actualización el Viernes, 02 de Julio de 2010 20:51 | ||||||||||||


