MÓDULO II - Amenazas en la Escuela y su Entorno

Normalmente, cuando se habla de desastres, se piensa en terremotos, inundaciones, deslizamientos, huracanes, erupciones volcánicas o avalanchas, así como también se piensa en desastres de origen humano, como la explosión nuclear de Chernóbil (Ucrania), la fuga de gases tóxicos en una fábrica de Bhopal (India) o el Incendio de Tacoa (Venezuela). Sin embargo, un poco más de reflexión cuidadosa nos lleva a pensar no en estos fenómenos en abstracto, sino en ciudades destruidas por terremotos o huracanes, en cosechas arruinadas por inundaciones, en pueblos sepultados por avalanchas y deslizamientos, y en comunidades afectadas por erupciones volcánicas o por "accidentes tecnológicos". Hemos dado un paso adelante al comprender que un desastre no es en sí un fenómeno de la naturaleza o de origen humano, sino los efectos nocivos que esos fenómenos producen sobre una comunidad determinada. Por eso oímos decir hoy, con alguna frecuencia, que los desastres son el resultado de problemas no resueltos del desarrollo, lo cual significa que en nuestro afán por conquistar el medio ambiente para satisfacer nuestras necesidades, los seres humanos hemos ido desestabilizando nuestra relación con la naturaleza y sus fenómenos y hemos ido generando condiciones en las cuales los fenómenos de la naturaleza (y algunas actividades humanas) se convierten en eventos peligrosos o amenazas contra nuestras propias comunidades, al igual que los seres humanos nos volvemos perjudiciales para la naturaleza y sus ecosistemas.

Los fenómenos de origen natural (terremotos, inundaciones, huracanes, erupciones volcánicas) no constituyen por sí mismos desastres, sino que necesitan de unos cómplices para convertirse en catástrofes para la comunidad. Tampoco la existencia de esos hechos naturales, o de fenómenos de origen humano susceptibles de desencadenar un desastre, o la mera posibilidad teórica de que en algún momento se pudieran presentar, constituyen amenazas en sí mismas.

En las amenazas de la naturaleza -y aún en algunas de origen humano- no existe de por medio ninguna intencionalidad y mucho menos el propósito de hacerle daño a la comunidad. La verdadera AMENAZA surge cuando de la posibilidad teórica se pasa a la probabilidad más o menos concreta, de que uno de esos fenómenos de origen natural o humano, se produzca en un determinado tiempo y en una determinada región que no esté adaptada para afrontar sin traumatismos ese fenómeno. Esa falta de adaptación, fragilidad o VULNERABILIDAD, es precisamente la que convierte la probabilidad de ocurrencia del fenómeno en una amenaza.

LAS AMENAZAS NATURALES son aquéllas que tienen su origen en la dinámica propia del Planeta Tierra que, como sabemos, no es una roca estática, sino un planeta dinámico y en permanente transformación. Normalmente los seres humanos no intervenimos en la ocurrencia de estos fenómenos, ni tampoco estamos en capacidad práctica de evitar que se produzcan (aunque en el pasado se creía, por ejemplo, que "deshollinando" o limpiando periódicamente las chimeneas de los volcanes se podían evitar sus erupciones; y en nuestra época se ha experimentado con el "bombardeo" a los huracanes en su origen para evitar que evolucionen).

Según su origen, las amenazas naturales se clasifican en:

Geológicas: como los sismos o terremotos, los maremotos o tsunamis, los movimientos de masa (deslizamientos, derrumbes, flujos), las avalanchas, las erupciones volcánicas, los hundimientos, la erosión terrestre y costera, entre otros.

 

Hidrometeorológicas o climáticas: como las inundaciones, los desbordamientos, los huracanes, las tormentas tropicales, los tornados y trombas, las granizadas y tormentas eléctricas, el fenómeno de El Niño, las temperaturas extremas, las sequías, entre otras.

 

LAS AMENAZAS SOCIO-NATURALES,  son aquéllas que se expresan a través de fenómenos que parecen ser productos de la dinámica de la naturaleza, pero que en su ocurrencia o en la agudización de sus efectos, interviene la acción humana. De hecho, existen amenazas aparentemente naturales, como las inundaciones, las sequías o los deslizamientos, que muchas veces son provocadas por la deforestación, el manejo inadecuado de los suelos, la desecación de zonas inundables y pantanosas, o la construcción de obras de infraestructura sin las precauciones ambientales adecuadas. Otras actividades humanas que contribuyen a la aparición de amenazas socionaturales, son el manejo inadecuado de las cuencas hidrográficas, la minería subterránea, la destrucción de manglares, la sobre-explotación de los suelos y los cuerpos de agua, la contaminación atmosférica, otros.

Podríamos definir las amenazas socio-naturales como la reacción de la naturaleza frente a la acción humana perjudicial para los ecosistemas ("si las pulgas pican al perro, no deben sorprenderse de que el perro se rasque y se sacuda"), pero quienes sufren los efectos de esas reacciones, no son siempre los mismos que las han provocado. Es muy común que las consecuencias de la deforestación en las cabeceras de una cuenca hidrográfica sean padecidas en forma de inundaciones o de sequías por los habitantes de la parte baja de la cuenca.

En este dibujo se observa un ejemplo claro de una amenaza socio-natural. Fuente: Wilches-Chaux.

 

LA AMENAZAS ANTRÓPICAS son aquéllas claramente atribuibles a la acción humana sobre los elementos de la naturaleza (aire, agua y tierra) o sobre la población, que ponen en grave peligro la integridad física o la calidad de vida de las comunidades (a nivel global: la especie humana). Entre las denominadas amenazas antrópicas por contaminación se destacan el vertimiento de sustancias sólidas, líquidas o gaseosas al ambiente (vertimiento de sustancias químico-tóxicas y radioactivas, plaguicidas, residuos orgánicos y aguas servidas, derrames de petróleo, otros.). Sus causas se pueden encontrar en los dos extremos del "desarrollo": los grandes núcleos urbanos e industriales, que vierten sus desechos sin control a los ecosistemas, y los grupos de población sin acceso a infraestructura de saneamiento ambiental (agua potable, alcantarillado, disposición y tratamiento de basuras).

 



 

 ¿CÓMO EVALUAR LAS AMENAZAS?

El estado actual del conocimiento científico y técnico no es suficiente para determinar sin lugar a dudas, si un fenómeno va o no a producirse en un lugar específico y en un momento determinado.

Por eso la evaluación de la amenazas pertenece más al campo de las probabilidades que al de las certezas, pero existen sí una serie de preguntas e indicadores que pueden ayudarles a las autoridades, a las organizaciones locales, a los docentes y a las comunidades en general a aproximarse a respuestas útiles en términos de prevención de desastres.

Veamos algunas de esas preguntas:

¿Qué tipos de amenazas están presentes en la zona donde está construida la escuela, y de llegarse a presentar el fenómeno amenazante qué problemas podría generar en la institución educativa y en la comunidad?

¿En dónde se encuentran las fuentes de esas amenazas?

¿Un fenómeno de este tipo podría desencadenar otras amenazas? (Por ejemplo un deslizamiento sobre el cauce de un río podría generar un represamiento de las aguas y posteriormente una avalancha; o un terremoto podría ocasionar incendios o fugas tóxicas en una fábrica).

¿Con qué frecuencia o recurrencia se han presentado en la zona fenómenos similares en el pasado?

¿Cuál ha sido la intensidad de los efectos (como quien dice el tamaño o la gravedad de los daños causados) cuando en el pasado se han presentado fenómenos similares?
¿Qué sub-zonas o sectores específicos están más expuestos a esas amenazas y hasta dónde podrían extenderse sus efectos?

¿Qué información histórica o qué mitos, cuentos o leyendas existen en la comunidad sobre la presencia de esas amenazas en la zona?

¿Qué estudios científicos o técnicos sobre esos fenómenos están a nuestro alcance y cuál es nuestra capacidad para realizar una evaluación permanente y un monitoreo de la amenaza?

Las respuestas a las preguntas anteriores nos ayudarán a establecer el tipo de precauciones que debemos tener en cada lugar para podernos enfrentar con éxito a las amenazas procedentes del medio humano o natural. (Wilches-Chaux 1998).

 

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Recopilación: CIGIR (Textos tomados de: Gustavo Wilchex-Chaux, 1998).
Septiembre, de 2009
Última actualización el Viernes, 02 de Julio de 2010 20:53
 
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